











La geometría y la simetría imperaban en todo lo que era susceptible de ser diseñado y, dentro de esta euforia geométrica, el hexágono y especialmente el octógono fueron de las figuras más utilizadas.
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La tendencia a usar octógonos culmina en Madrid con el diseño en planta ochavada del desaparecido Mercado de Olavide (abajo), obra de Francisco Javier Ferrero Llusiá, brillante arquitecto municipal en los años de la IIª República.
A él se debe también el que quizá sea el único edificio de aquella década que se puede calificar de estrictamente racionalista, el Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi, a punto de ser radicalmente transformado en una espectacular operación urbanística.

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