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sábado, 16 de abril de 2016

Juan Álvarez Mendizábal 95






















Fecha de construcción: años 30.

El edificio tiene fachada a la calle Benito Gutiérrez con el nº 24.

Por las características de composición, que comparte con otras casas del barrio como las de Pintor Rosales 50-52 y Altamirano 37, probablemente se deba al mismo arquitecto, Ángel Laciana García. El estilo que cultivaba esos años se reconoce aquí: el diseño aerodinámico, la combinación plástica de enfoscado y ladrillo, la fineza de los motivos decorativos geométricos o las bandas estriadas de ladrillo.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Colegio del Santo Ángel: pabellones interiores e iglesia.

En la plaza de Carabanchel, 5.
Autor: Ricardo Macarrón Piudo.

Antiguo Colegio de Huérfanos de la Policía Nacional, el complejo se edificó entre 1928 y 1936. En esta entrada anterior ya reseñé los pabellones de acceso.

Entrada al colegio por la plaza de Carabanchel.

Fue el agente Antonio de Michelena quien impulsó la creación de este colegio a principios del siglo XX, con el fin de dotar de educación a los hijos de los policías fallecidos.

Apenas construido, estalló la Guerra Civil y se convirtió en hospital militar. No sería hasta marzo de 1954 que se inauguró como colegio de huérfanos para niños y niñas.
En el minuto 6.43 de este viejo NO-DO puede verse un reportaje del día de su inauguración.



Se trata de un recinto educativo privilegiado, no solo por la estética sino también por la concepción del espacio: pabellones entre jardines con grandes ventanas que permitían disfrutar de mucha luz y una óptima ventilación, en relación con las tendencias naturistas e higienistas de los años 30.

El colegio contaba con instalaciones envidiables: 23 aulas, una biblioteca, laboratorios de química y biología, gimnasio cubierto, salas para actividades diversas (desde dibujo a judo) y un teatro-auditorio, además de la capilla.
En 1989 el colegio desaparece como tal y se transforma en la Fundación de Huérfanos de la Policía Nacional, que prosigue la tradición benéfico-asistencial aunque ahora con carácter de entidad privada.


El pabellón central con su singular remate.

El antiguo Colegio del Santo Ángel es un recinto único que esconde una joya: su capilla.
Toda una sorpresa y, sobre todo, un descubrimiento fantástico: se trata de la segunda iglesia claramente art decó que he identificado en Madrid.
Aunque de escala modesta, sus líneas entran dentro de lo más ortodoxo del estilo.

Se suma a la que fue capilla de otro colegio, el de la Sagrada Familia en Moncloa, transformada desde hace años en el teatro La Abadía. Hasta hace poco pensaba que era la única de este estilo en Madrid. Con el hallazgo de esta capilla y su aire de misión californiana se enriquece inesperadamente el patrimonio art decó de la ciudad.





Distintas vistas de la capilla del colegio.

Todo el conjunto es una maravilla desconocida para los madrileños, un oasis de arquitectura y jardines de los años 30 que se mantiene hermético por motivos de seguridad.

Los mismos motivos que hacen difícil conseguir autorización para fotografiar su interior, por lo que agradezco especialmente la atención que tuvo conmigo este grupo de exalumnos al facilitarme, a través de Facebook, las fotos que ilustran este post.

Interior de la capilla, actualmente utilizada como salón de actos.

Abajo, una vista aérea de todo el recinto.
Marcada con una cruz roja, la capilla.
Con cruz verde, el pabellón central.
Enmarcados en amarillo, los pabellones de entrada. Delante, la plaza de Carabanchel con la iglesia de San Sebastián.


(foto de karabanchel.com)

martes, 15 de marzo de 2016

Teatro Fígaro



El paño de ladrillo estriado marca el eje vertical de la fachada (arriba). En él aparece uno de los elementos distintivos de la arquitectura de los años 1930: el termómetro
Se trata de una ventana espigada de cristal que asciende por la fachada, señalando el recorrido de la escalera. 
Otros ejemplos notables de 'termómetros' de la época en Madrid pueden verse en el antiguo cine Europa o en este edificio de la costanilla de Santiago.

 
En la calle Doctor Cortezo, 5.
Autor: Felipe López Delgado.
1931

Felipe López Delgado era miembro del Grupo de Artistas y Técnicos para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea, más conocido como GATEPAC. Esta organización se dividía en tres grupos según el área geográfica: estaba el catalán o GATCPAC, el Norte (centrado en el País Vasco y al que se debe el seminal Club Náutico de San Sebastián) y por último el grupo Centro, activo en Madrid y al que pertenecía el arquitecto.

López Delgado trazó esta obra siendo absolutamente coherente con los postulados racionalistas de su grupo, inspirados en la arquitectura más vanguardista del momento.
Estos básicamente eran: economía formal no reñida con un diseño agradable, entorno higiénico y arquitectura democrática, al alcance de las masas.
En el GATEPAC, al igual que hacía Le Corbusier, se fijaron para ello en las formas funcionales de barcos y aviones, de ahí el aire naval que se le dio al interior del edificio.

El edificio marcó un pequeño hito en la introducción de la arquitectura moderna en Madrid, al tratarse de la primera sala de espectáculos construida estrictamente según este compromiso tanto estético como ético.

En esta recreación del interior original del teatro pintada por Damián Flores Llanos se aprecian los balconcillos redondos desaparecidos.

Planeado inicialmente como sala de proyección con el nombre de Cine Moderno, su dueño, Ildefonso Anabitarte, cambió de idea durante las obras y decidió inaugurarlo como teatro.
Al no haberse previsto un escenario, hubo que improvisar uno bastante raquítico, lo que hizo que las funciones teatrales en este edificio se limitaran durante años a obras ligeras de montaje fácil y que no requerían de gran espacio.
Finalizado en 1931, al año siguiente recibió la segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

La sala de cine se dispuso paralela a la calle, aprovechando al máximo la forma rectangular del solar. Contaba con capacidad para 950 espectadores. El teatro todavía conserva dos enormes proyectores de la época.
El vestíbulo se adaptó a este diseño, alargándose también, con escaleras a ambos lados para acceder a la planta superior.
Para las demás dependencias se aplicó una distribución racional, según requiriesen de más o menos luz y ventilación.

El patio de butacas en los años 30.

La composición de la fachada es de una gran sencillez. Como escribió Patricia Gosálvez en El País: 'Era una fachada limpia que miraba a un futuro luminoso'. Juega tanto con las líneas verticales como con las horizontales, y combina superficies de distintos materiales: enfoscado, ladrillo rugoso, mármol negro y cristal.

El edificio quedó prácticamente destrozado en la guerra civil, y su fachada se desfiguró posteriormente.
En 2009 fue sometido a una profunda restauración que trató en lo posible de recuperar su dignidad arquitectónica perdida. De ella se encargó Antonio del Castillo, uno de los nuevos socios propietarios y arquitecto. En su afán por devolverle el brillo original al edificio, recuperó también el rótulo que lo coronaba inicialmente.

El edificio en 1933.

La tipografía, fielmente reproducida, es fantástica, y de noche luce en todo su esplendor, dándole al edificio el aspecto cosmopolita y atractivo con que fue concebido.



El rótulo del teatro, luciendo su espectacular tipografía vanguardista de noche.

Abajo, página extraida de una guía turística del Madrid de aquellos años.
En ella figura ya el flamante teatro Fígaro, presentándolo a la sociedad de la época como 'el más elegante, más moderno y más solicitado'.


En el artículo citado anteriormente, Patricia Gosálvez dejaba caer el dato de que, en un despacho del teatro, se conservan todavía los poquísimos muebles art decó que sobrevivieron a la guerra y al olvido.
'Un mobiliario maravilloso', en palabras de Antonio del Castillo, y que tienen idea de reponer algún día.

Desde este blog le animamos con entusiasmo a ello.

Madrid Art Decó quiere dar las gracias también a Enrique Fidel y su magnífico blog Urban Idade. De él se han tomado las fotos antiguas del teatro y la pintura del vestíbulo de Damián Flores.