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sábado, 5 de julio de 2025

Monumento a Galdós









Ubicación: parque del Retiro, presidiendo la glorieta de Benito Pérez Galdós.
Autor: Victorio Macho.
Inaugurado el 20 de enero de 1919.

domingo, 1 de diciembre de 2024

Monumento a Julio Romero de Torres






Este tótem-monumento al pintor cordobés que indica su paseo en el parque del Retiro fue ejecutado por el escultor Antonio del Rosal en 1932.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Monumento al doctor Hipólito Yrigoyen


Situado en el Paseo de Chile del Parque del Retiro, junto al monumento a Alfonso XII, fue una donación de la colonia española en Argentina en homenaje al que llegó a ser por dos veces presidente de aquel país.
En la placa de bronce se reproduce el texto del decreto, promulgado por Hipólito Yrigoyen, en el que se establece la fecha del descubrimiento de América como fiesta nacional de la Argentina.
A la derecha, un retrato del político. Debajo, los escudos de ambos países. En el lado izquierdo, la silueta de un aborigen de espaldas y, debajo, la firma del autor, Rogelio González Roberts.
La placa se fundió en el arsenal de guerra 'Esteban de Luca' de Buenos Aires, en 1928.
El resto del monumento es de piedra caliza.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Escultura española de entreguerras en los concursos nacionales

Fragmento de Poesía, proyecto ganador del Concurso Nacional de Escultura de 1924, de José Chicharro Gamo. 

En 1922 surgió por parte del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes una iniciativa encaminada a fomentar  la producción artística nacional. 
Conscientes del escaso apoyo estatal que solían recibir los artistas, dependientes de los trabajos esporádicos que les encargaban particulares o instituciones, se planteó la celebración anual de unos concursos de Escultura, Música, Literatura, Grabado y Artes Decorativas. 

Proyecto de fuente para una Escuela de Niños por Francisco Pérez Mateo, ganador del Concurso Nacional de Escultura de 1928. 

Nacieron con la doble intención de servir de estímulo para la creación y de beneficio para la sociedad. En el caso concreto de la escultura, se buscaba potenciar su sentido ornamental en el contexto urbano, dignificando con ella parques, jardines, colegios y edificios públicos. 
Las bases del concurso para escultura se concebían específicamente con este fin: que las obras fueran insertadas en la ciudad.


Proyecto ganador de fuente para una Escuela Nacional de Niños, Enrique Monjó, 1925.

A partir de 1922 se convocaron año tras año, con un éxito creciente de artistas y público. 
Una progresión al alza que se vio bruscamente interrumpida en 1936. Los concursos nacionales se reanudarían después de la guerra, aunque poco tenían que ver ya, ni en cantidad ni en calidad, con sus precedentes.


Hermano San Francisco de Asís, de Santiago Costa, que obtuvo el segundo premio del Concurso Nacional de Escultura de 1928.

Entre 1922 y 1936, estos concursos nacionales ofrecieron suficientes alicientes para convertirse en una cita concurrida, ya que al reconocimiento público y la publicidad que conllevaban se sumaba la nada desdeñable cantidad de quince mil pesetas. 
El premio incluía también la realización del proyecto ganador en piedra de buena calidad, ocasionalmente combinada con bronce. Con el tiempo la dotación económica aumentó, como también se diversificaron los premios, añadiendo menciones y accésits. 
De este modo se multiplicaban los incentivos para que los artistas participaran. Formatos y temáticas cambiaban también cada año, favoreciendo la multiplicidad de propuestas.


Banco decorativo de Federico Marés, ganador del Concurso Nacional de Escultura de 1923.

En ocasiones se otorgó al artista casi total libertad de acción, aludiendo simplemente al carácter decorativo de la obra. 
En otras, sin embargo, se acotaron las características del proyecto. En 1923, por ejemplo, se especificó que la escultura debía responder al sentido ornamental a la par que práctico de un banco o exedra para un parque, jardín o plaza pública. 
Al año siguiente, 1924, se estableció que la figura o grupo escultórico debía versar sobre un episodio o acontecimiento desarrollado en un libro español dirigido al público infantil.
Fue precisamente ese año cuando se premió 'Poesía', la obra de Chicharro Gamo que hoy decora la plaza de las Salesas en Madrid y que protagonizaba la entrada anterior
Con su escultura, Chicharro Gamo demostró que una obra dedicada a los niños no tenía por qué ser obvia -en otras palabras, candorosa y naif-, sino que podía ser inspiradora a la par que moderna.


Maqueta y fragmento a tamaño natural de Diana, de Santiago Costa, que recibió una mención en el concurso de 1930.

En 1925 se propuso la construcción de una fuente para patio, jardín o atrio de una escuela nacional. Tras una ajustada votación, se alzó ganadora la diseñada por Enrique Monjó, de moderno perfil arquitectónico.
En el concurso se plantearon también temáticas vinculadas a efemérides, como en la edición de 1927 en que se quiso recordar a Luis de Góngora en el tercer centenario de su fallecimiento. De los veintidós proyectos se alzó vencedor el de Vicente Beltrán, una bellísima estela ya reseñada en este blog y que hoy puede admirarse en el Retiro.

Detalle del monumento ganador del Concurso Nacional de Escultura de 1930, de Antonio Cruz Collado.

Fueron un total de quince concursos que significaron un claro estímulo al arte de la escultura, disciplina que en el primer tercio del siglo XX había evolucionado hasta superar los rasgos decimonónicos en los que había quedado anclada a fines del XIX.
En los certámenes, junto a los aún defensores de un academicismo trasnochado, se dieron cita los protagonistas de esta renovación, desde los maestros que introdujeron los cambios hasta los jóvenes que iniciaban su andadura y abrieron nuevas vías de expresión.
Fue frecuente entre estos artistas un poso clásico que se traducía en la presentación de figuras alegóricas desnudas o semidesnudas, principalmente femeninas, abundando una suerte de venus de aire mediterráneo, con formas potentes y cuidada anatomía, como la presentada por González Migolla en 1932 o la estilizada 'Alegoría de la Música' de Vicente Beltrán, dentro de los valores igualmente innovadores de la grácil figuración art decó.

Alegoría de la arquitectura de Adolfo Aznar.

Otros nombres rompedores que participaron fueron los de Francisco Pérez Mateo o Alberto Sánchez, que en 1930 provocó un gran revuelo con su 'Monumento a los niños', tan opuesto al concepto tradicional de escultura pública.
También Antonio Cruz Collado, galardonado ese mismo año con una obra, 'Fuente de la muchacha que duerme', de volúmenes simplificados y rasgos arcaizantes.
Entre las mujeres, citar la presencia de Isabel Pastor o de la danesa Eva Aggerholm que, pese a ser principalmente conocida por ser esposa del pintor Vázquez Díaz, reivindicó su puesto en la renovación de la escultura española obteniendo una mención y un accésit en varias de las exposiciones a las que se presentó.


Alegoría de la Música de Vicente Beltrán, ganador del Concurso Nacional de 1933. Forma parte de los fondos del MNCARS y actualmente se puede contemplar en el patio del Rectorado de la Universidad Carlos III de Leganés.

Las obras ganadoras quedaban en propiedad del Estado,  que acrecentaba con ellas los fondos de los museos nacionales o las destinaba al ornato público, por lo general en Madrid. A veces se demoraba su instalación o montaje, lo que era criticado por la prensa.
Toda la creatividad desplegada en estos concursos nacionales se vería brutalmente truncada por la Guerra Civil, tras la cual la poderosa escultura vanguardista del periodo anterior quedó descabezada. Se produjo entonces un hiato que retornó a las formas clásicas y academicistas, convenientes para la ideología del nuevo régimen y cultivadas por nombres como Juan de Ávalos, Victorio Macho, José Capuz, Carlos Ferreira de la Torre o Florentino Trapero.

*Esta entrada es una adaptación del artículo '1922-1936, los concursos nacionales de escultura', escrito por Victoria Martínez Aured, profesora asociada del Dpto. de Hª del Arte de la Universidad de Zaragoza y publicado en el nº 24 de la revista ARTigrama.
Las fotografías también han sido tomadas de él.

miércoles, 29 de abril de 2015

Monumento a la educación en la infancia


















En los jardines de la plaza de las Salesas.
Escultor: José Chicharro Gamo.

Esta escultura en principio se llamó 'Poesía', y fue el proyecto ganador del Concurso Nacional de Escultura de 1924 (Catálogo del VI Salón de Otoño, Madrid, Asociación de Pintores y Escultores, 1925).

La inscripción en la base del monumento, en el que una alegoría de la poesía es flanqueada por dos grupos de niños, reza así:
'Para inculcar en las almas un vivo y duradero amor a la poesía, debemos empezar por inculcarlo en el alma del niño.'
La frase es del poeta y dramaturgo Carlos Fernández Shaw, padre del arquitecto Casto Fernández Shaw, autor del Coliseum y la gasolinera Gesa.

Existe muy poca información acerca de José Chicharro Gamo, entre la que destaca la facilitada por el Diccionario de pintores y escultores españoles del siglo XX, de Pedro Furero García. En él se nos dice que nació en Madrid en 1897, que estudió en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y que fue alumno de Miguel Blay.
En 1926 ganó la tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes.
El grupo escultórico, en caliza de Colmenar, fue probablemente realizado en los años 30, no más tarde de 1936.

Motivado por sus simpatías republicanas, Chicharro abandona España tras la Guerra Civil para trasladarse a América, donde realiza el sarcófago en bronce de Bolívar en el Panteón Nacional de Caracas. Poco más se sabe desde entonces de él, hasta el punto de ignorarse la fecha y el lugar de su fallecimiento.

Otra obra suya es el monumento al doctor José Mª Pérez, inaugurado en 1931 en Salinas, Asturias.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Fuentes de la Casa de Campo




También conocidas como 'fuentes de la República', fueron colocadas por el Ayuntamiento de Madrid tras la apertura al público de la Casa de Campo, hasta entonces posesión real y antiguo coto de caza.
Más de 300.000 madrileños lo visitaron el día en que se abrió a la ciudad por primera vez: el 1 de mayo de 1931, día de los trabajadores, fecha simbólica que subrayaba el regalo de este parque forestal a todas las clases sociales de Madrid.
El acto oficial de entrega a los madrileños, formalizada ante notario, se produciría unos días después, el 6 de mayo.

Las fuentes se fueron instalando a partir de entonces y hasta 1934. Se disponen alrededor del lago en distintos puntos y también a lo largo del Paseo del Marqués de Monistrol.
Todas comparten rasgos comunes: fábrica sencilla y diseño coqueto, combinando mampostería con detalles decorativos en piedra e inscripciones, en algunas de ellas, con la fecha de construcción y el nombre de la fuente.
La de arriba es conocida como fuente del Canal de la Partida, y es la primera con la que el paseante se topa al entrar a la Casa de Campo por el Paseo del Embarcadero.
Construida en 1933, junto a ella se encuentra el acueducto de la huerta de La Partida -de ahí su nombre-, que llevaba agua desde el arroyo Meaques.



Arriba, la denominada sin más como Fuente de la República, frente al Reservado con sus viveros de plantas y su taller escuela de medio ambiente.
Construida en 1933 -como reza una inscripción- es la primera de las varias que jalonan la antigua Carretera de Castilla, hoy Paseo del Marqués de Monistrol.
Con fábrica enfoscada y cuatro caños -al frente, detrás y a los lados-, se remata con un arco de medio punto y bolas de piedra caliza en los pilares laterales.
Estilísticamente es casi gemela de la fuente del Canal de la Partida.



Fuente de la Salud. Abajo, la llamada Fuente de la Perdiz. Ambas muy próximas, en la margen de la antigua Carretera de Castilla y actualmente secas.
Estas fuentes, junto a la anterior, cuentan con distintos niveles de protección.



Abajo, la fuente junto al restaurante Los Recios, uno de los populares establecimientos que rodean el lago y que hacen de este lugar uno de los más agradables de Madrid, especialmente si el tiempo acompaña.
Es entonces cuando la gente se sienta en las terrazas de estos bares, con inmejorables vistas del mismo y de la cornisa madrileña, para relajarse y disfrutar de un aperitivo o una buena comida, ya que todos estos restaurantes disponen de cartas variadas y con una equilibrada relación calidad-precio.

Nada más relajante y placentero que tomar el sol sentado en una de estas terrazas mientras se contempla a la gente remar en el lago o practicar alguna otra actividad acuática o, simplemente, se observa la bulliciosa vida del parque, con el skyline de Madrid al fondo.


Estos kioscos a orillas del lago de la Casa de Campo y a la sombra de los árboles suponen todo un refugio contra el calor extremo del verano en Madrid. Los días claros pero frescos de invierno tampoco son una excepción, ya que colocan pérgolas climatizadas.

No es el único atractivo del parque para aquellos viajeros que, después de encontrar aquí un vuelo asequible, se animen a visitar este inmenso pulmón verde para explorarlo en profundidad: en él se encuentran también el Teleférico, el Zoo o el Parque de Atracciones, un albergue juvenil o la concurrida piscina del Lago.


Abajo, Fuente de los Neveros, cruzando desde el lago la denominada Glorieta de los Patines, reminiscencia de los tiempos en que había allí un lago menor que se helaba completamente en invierno y que se usaba para patinar, actualmente seco.
Había de hecho una construcción de fines del siglo XIX, la Casa de los Patines, donde se guardaba el material de patinaje, y que fue demolida en los años 1960.



La Fuente de los Neveros se llamó así por los antiguos pozos de nieve que existían por la zona.
Construida -como también indica una inscripción- en 1933, cuenta con dos pares de caños a cada lado, mampostería que imita el aparejo toledano y elementos decorativos en piedra caliza: dos bellotas laterales y una bola coronando el conjunto.
Es una de las fuentes catalogadas en 2007 como elemento de máxima protección dentro del parque.



Fuente del Triángulo, situada en el ángulo sudoeste del lago, también combina un coronamiento de piedra caliza y fábrica de mampostería imitando el aparejo toledano.
Esta fuente está catalogada como elemento con nivel 2 de protección histórica.