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miércoles, 31 de diciembre de 2008

Tribulete 13








A lo largo de todas las entradas de este mes ha quedado de manifiesto que, si hay algo que distingue al Art Decó, es el uso del color por el color.
Una policromía vibrante y luminosa reviste las fachadas de los edificios madrileños de los años 20 y 30. Los colores se combinan entre sí (como en Fco. de Ricci 10 y 12), con paños de ladrillo para contrastar texturas o, lo más corriente, con elementos blancos como alerones o impostas.
La gama de colores, como ya comenté en otra ocasión, tiene en muchos casos un sentido étnico, de evocación de culturas lejanas o primitivas y escenarios exóticos; en otros (como en el cián de este edificio o el rojo de de Juan de Austria 25), se emplean los colores primarios por influencia de movimientos holandeses de entonces como el Neoplasticismo y su variante arquitectónica, De Stijl, dentro de la tendencia general de la época a la abstracción geométrica.
Fue precisamente uno de los alumnos aventajados de De Stijl, Gerrit Rietveld, el que, con su revolucionaria silla azul y roja o su interiorismo para la Casa Schröder, más contribuyó a propagar la idea de una arquitectura más plástica, en la que sus superficies lisas pasan a tratarse como cuadros.
Para decorarlas se recurre al uso de colores planos, cortados por líneas que entran y salen, como una imagen en 3D de un cuadro de Mondrian.
Las líneas que cruzan los planos de las fachadas son, como en este edificio o el de Juan de Austria 25, las fajas salientes de las impostas, siempre en color blanco para contrastar vivamente con el color dominante.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Francisco de Ricci 10 y 12











Edificios construidos en 1934 que, aunque idénticos, se distinguen por estar enfoscados en distinto color.

Mirillas Art Decó










Francisco de Ricci 12 (interior)











Quesada 2