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martes, 5 de marzo de 2013

La fuente como motivo decorativo



Luchana 25-27.



Martínez Campos 13.



Atocha 24.



Atocha 24.



Café Central.



Donoso Cortés 17.



Toledo 83.



Serrano 79.



San Hermenegildo/Quiñones.
Abajo, Antonio Maura 16.

Pocas exposiciones como la de París de 1925 habían exhibido tantas fuentes en los patios y jardines de sus pabellones.
Como ejemplos sobresalientes, la pareja diseñada por René Lalique: una con forma de obelisco delante de la Cour des Métiers, esparciendo finos hilos de agua, y la otra como gran tótem simbólico de cristal en el interior del Pabellón del Perfume.
Después de la sensación que causaron en la expo de París, la fuente se consagró como motivo ornamental del naciente estilo. Se convertiría en uno de sus elementos más recurrentes, plasmándose en bajorrelieves, forja, vitrales, gráfica, lámparas, etc.
Se representan con el surtidor en continuo fluir, congeladas en su movimiento ascendente, y se utilizan tanto en objetos de decoración como en arquitectura.
La misma fuente sirve a menudo de elemento arquitectónico en edificios, jardines y parques. Y aparece, cómo no, en las películas de Hollywood más frívolas, musicales sobre todo, que gustan de coreografías en escenarios artificiosos pero rebosantes de glamur.
Otro factor quizá relacionado son las famosas fuentes de soda (o refresco carbonatado), tan populares en las farmacias y drugstores de los Estados Unidos y que forman parte sustancial de la cultura americana. Docenas de películas de Hollywood en los años 30 sacaron fuentes de soda en un papel destacado, como símbolo de diversión buena y saludable en las calles mayores de América.


Un bello ejemplo -desgraciadamente perdido- de la fuente como elemento decorativo en el art decó era esta de mármol adosada a una pared de espejos (el uso de espejos para interiores se popularizó en los años 30), en el vestíbulo del Cine Madrid-París de la Gran Vía (1935, Teodoro Anasagasti), después convertido en Cine Imperial y actualmente tienda de ropa.