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viernes, 23 de marzo de 2018

Casa de las Flores























Comprende la manzana situada entre las calles de Hilarión Eslava, Gaztambide, Meléndez Valdés y Rodríguez San Pedro.
Proyectada en 1930 como 'bloque de casas de alquiler' para el Banco Hispano Colonial -con ayudas financieras del Instituto Nacional de Previsión-, las obras finalizaron en 1931.

Su autor (también promotor) fue el arquitecto Secundino Zuazo Ugalde, con la inestimable ayuda del arquitecto alemán Michael Fleischer.
Fleischer era un alumno de Paul Bonatz que llegó a Madrid con motivo del concurso para la construcción de los Nuevos Ministerios y que acabaría asumiendo la dirección del proyecto (recordemos que, en el proyecto inicial, la construcción de este monumental conjunto administrativo se resolvía enteramente en ladrillo).

Fleischer entró a trabajar en el estudio de Zuazo, figurando en las obras de la Casa de las Flores como colaborador, aunque son muchas las voces que sugieren que muy probablemente su contribución fuera mayor, por no decir integral, y que Zuazo simplemente aportara retoques personales.
Zuazo sostenía justo lo contrario: él habría trazado las directrices principales del proyecto y Fleischer tan solo se habría ocupado de la resolución de los detalles, por otra parte -fuera quien fuese el responsable- muy minuciosa.
El edificio denota en cualquier caso una enorme influencia de la arquitectura centroeuropea de la época, especialmente la holandesa (con nombres como Berlage, Krammer o Klerk) y la alemana (Schumacher o Högger).



La planta se dispone en dos cuerpos paralelos en dirección norte-sur, separados por un patio ajardinado y con zonas de viviendas a ambos lados de grandes patios de servicio.
Todas las habitaciones importantes son exteriores: la función de los patios es iluminar y ventilar cocinas y cuartos de baño.
Es un edificio ambicioso que pretendía construir dentro del Ensanche (o Proyecto Castro) de un modo diferente, buscando, dentro de lo posible, un tipo de vivienda racional más ventilada e iluminada.
Frente a la manzana tradicional del Ensanche -compacta, de edificación densa y pequeños patios interiores-, el concepto aquí era radicalmente opuesto: se trataba de esponjar y abrir la manzana, no solo a sus residentes, también a los vecinos del barrio.

Era un planteamiento urbanístico innovador, racionalista e higiénico, que hacia la vida en el edificio mucho mas saludable y agradable.
Zuazo no hacía distinción entre viviendas exteriores e interiores: todas por igual debían ser soleadas y salubres.
El edificio, pocos años después de su construcción, sufrió como todo el barrio de Argüelles los efectos de la guerra civil, siendo alcanzado por los proyectiles.

















Arriba, el patio interior ajardinado que en su día (hasta los años 1970) fue calle interior y estaba abierto a la gente del barrio, cumpliendo con su propósito inicial.
Actualmente cerrado por una verja, su acceso se restringe a los vecinos del edificio.



La empresa constructora, Focsa, produjo el ladrillo en su propia fábrica (cerámica San Antonio). Un ladrillo de gran calidad que dotó al edificio de su principal seña de identidad y un aspecto inconfundible.
En un gesto intencionado, Zuazo se sirvió de él para realizar la única concesión al ornato del edificio, explotando sus posibilidades plásticas y constructivas. Lo consigue combinando diversos aparejos (a sardinel, hiladas de soga, tizones...).
Material y decoración quedaron así integrados, fundiéndose en uno.

En el basamento destaca el diseño variado de las entradas, que combinan aparejos e hiladas rehundidas, así como una serie de arcos parabólicos que rompen con la monotonía angular del resto de huecos del edificio.
Su inquilino más célebre, por el momento, ha sido el poeta chileno y premio Nobel Pablo Neruda.
La Casa de las Flores fue declarada Monumento Nacional (BIC) en 1981.
Como tal disfruta de protección integral que incluye todos sus espacios y elementos, recogidos en este protocolo de conservación.

En palabras de Ramón Guerra de la Vega, "su corredor ajardinado que la divide en dos y su sabia combinación de las 'murallas' de ladrillo con las alegres esquinas repletas de flores, han sido y serán ejemplo de arquitectura y urbanismo para generaciones de estudiantes (de arquitectura)".

jueves, 18 de enero de 2018

Capilla de la facultad de filosofía y letras


La capilla fue una adición de posguerra, al reconstruirse el edificio bajo las órdenes del mismo arquitecto, Agustín Aguirre.
No constaba en los planos originales: el espacio que hoy ocupa -más una sacristía- estaban destinados en los años 30 a sala de exposiciones.

La facultad, junto con una primera fase de la Ciudad Universitaria, se reinauguró el 12 de octubre de 1943, presidiendo Franco la ceremonia solemne en su salón de actos.
En la España de la posguerra sobraba la fe y faltaba el dinero: por eso, en vez de reponer el modernísimo ascensor con que se inauguró el edificio, se optó por ocupar su hueco con un altar de campaña, oculto hoy tras unas puertas en el vestíbulo.
Curiosamente, y por esos sarcasmos de la vida, el modelo de ascensor se llamaba Paternoster.

sábado, 13 de enero de 2018

Mercado de Tirso de Molina



















Dirección: Entre las calles de Doña Urraca y Doña Berenguela.
Año: 1932 

El arquitecto de este mercado no fue Luis Bellido -como afirma el artículo enlazado- sino el mallorquín Francisco Roca Simó, autor también del mausoleo de Pi y Margall en el Cementerio Civil.
Roca fue compañero de estudios y amigo de arquitectos como Teodoro Anasagasti, Modesto López Otero, Antonio Palacios, Antonio Flórez o Aníbal González, entre otros de la misma generación.

En su isla natal construyó algunos de los edificios más representativos del art nouveau y el art decó. También dejó obras en muchos otros lugares: Buenos Aires y Rosario en Argentina, en Barcelona, Sevilla, Soria, Ibiza o Almería.
La obra de este arquitecto también se ha visto envuelta en la polémica con motivo de la Ley de Memoria Histórica: en 1947 diseñó un monolito en Palma dedicado a las víctimas del crucero Baleares.
Desprovisto de toda simbología e inscripciones franquistas, hoy permanece en pie como tótem pelado que estuvo a punto de derribarse en 2016. Su demolición, muy contestada, se paralizó en el último momento, iniciándose expediente de catalogación.

Simó dejó en Madrid también obras en estilo ecléctico (como los edificios de viviendas en la calle Valenzuela 6 o Jorge Juan, 70) y una muestra soberbia de racionalismo residencial en Velázquez, 70.

Como curiosidad, al ser construido por el ayuntamiento republicano, en los plafones de cerámica sobre las dos entradas principales del mercado (con la firma E.F.OCA) puede verse el escudo de Madrid con corona mural y no real.

miércoles, 13 de diciembre de 2017